Los Diablos Danzantes de Yare son una festividad religiosa y manifestación cultural que se celebra en San Francisco de Yare, Estado Miranda, Venezuela, el día de Corpus Christi. Es llevada a cabo por las Sociedades del Santísimo Sacramento y representa una de las versiones locales de la tradición de los diablos danzantes en el país. La celebración tiene como propósito rendir culto al Santísimo Sacramento del Altar y escenificar el triunfo del bien sobre el mal. El 6 de diciembre de 2012, la festividad fue inscrita, junto a otras 11 cofradías venezolanas, en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO1).
La tradición de celebrar la Eucaristía el día de Corpus Christi tiene sus raíces en la Europa de la Edad Media, impulsada a partir de 1208 por la religiosa Juliana de Cornillon y oficializada en 1246. Esta festividad fue introducida en el continente americano por los colonizadores españoles, y su primera celebración registrada en Venezuela ocurrió en la ciudad de Coro en 1582. Las festividades permitían la asociación de indígenas y esclavos africanos a través de hermandades y cofradías, lo que facilitó el desarrollo de lazos de solidaridad y el sincretismo cultural.
El origen específico de la cofradía en San Francisco de Yare se remonta al siglo XVIII. Según la tradición oral de la zona, el nacimiento de la danza de los diablos está ligado a dos eventos principales no documentados de forma oficial:
En los inicios de la festividad, mujeres y hombres participaban de manera equitativa. Sin embargo, a finales del siglo XVII (entre 1680 y 1690), el obispo Diego Baños y Sotomayor prohibió la danza de mujeres mulatas e indígenas bajo el argumento de que su presencia perturbaba la devoción religiosa.
La reintegración de la mujer en la danza principal ocurrió en 1911, cuando la capataz María Monasterios retomó el baile para cumplir una promesa religiosa. A ella le sucedieron otras mujeres en la posición de capataz, como Cayetana Valdez (1927), Simona Palma (1953) y Petra Rafaela González (1976-1986)3). En la actualidad, el rol de la mujer es principalmente organizativo y logístico. Se encargan de la protección de los niños durante el baile, la preparación de altares y el orden de la procesión. Las mujeres con promesas de baile suelen hacerlo en altares específicos con máscaras prestadas, o en algunos casos, completan el recorrido vestidas con la indumentaria masculina para cumplir su penitencia.
La celebración tiene una fecha móvil, realizándose siempre nueve jueves después del Jueves Santo. Los actos comienzan el miércoles en la víspera, cuando los miembros de la cofradía, conocidos como promeseros, se congregan en la Casa de los Diablos. Al mediodía, se dirigen a la iglesia, danzando hasta que el sacerdote otorga la bendición y el permiso para recorrer los más de 90 altares distribuidos en la población.4)
El día jueves, la jornada inicia con un tributo a los ancestros en el cementerio municipal, seguido de la misa principal. La dinámica central de la danza representa la sumisión del mal. Los promeseros bailan por las calles al ritmo de la caja (tambor), maracas y otros instrumentos, pero al encontrarse frente al Santísimo Sacramento, las máscaras deben bajar hacia el piso y los danzantes se arrodillan en señal de rendición.
La música tradicional que acompaña el recorrido consta de toques de tambor que dictan cuatro pasos fundamentales: el corrío, el escobillao, el reposo y la bamba. 5)
Escuchar archivo de audio: Música de los Diablos Danzantes de Yare
La Cofradía del Santísimo Sacramento de los Diablos Danzantes de Yare supera los 2.500 integrantes. La indumentaria de los varones consiste en camisa, pantalón y medias de color rojo, alpargatas y una máscara de apariencia grotesca. Hasta 1948 las vestimentas eran multicolores; la estandarización al color rojo ocurrió tras una donación de tela realizada en el marco de la toma de posesión del presidente Rómulo Gallegos. Las mujeres promeseras rasas usan falda roja y camisa blanca, mientras que las mujeres con rango de capataz visten completamente de rojo. Todos los promeseros portan cruces de palma bendita, rosarios, una maraca y un látigo conocido como mandador.
La estructura jerárquica está determinada visualmente por la cantidad de cuernos en las máscaras:
La infraestructura del pueblo ha evolucionado para albergar a la cofradía y a la festividad: